Por qué nos enseñaron a tenerle miedo al error

Por qué nos enseñaron a tenerle miedo al error
Por qué nos enseñaron a tenerle miedo al error - 2
Por qué nos enseñaron a tenerle miedo al error - 3

El ser humano permanece la mayor parte del tiempo caminando sobre una cuerda floja al dividir el mundo en el que habita y su propio aliento entre lo bueno y lo malo. Queremos ser buenas personas y que nos vean como buenas personas y hemos confundido eso con ser “perfectos” y esa perfección la asociamos con no cometer errores, sin embargo, lo asumimos como una ley inquebrantable. Nos vetamos la posibilidad de equivocarnos y de esta manera castramos la posibilidad de aprender ya que el ser humano aprende por ensayo y error. El niño aprende a levantarse después de caerse una y otra vez. Hemos aprendido a través de la crianza (y no porque nuestros padres sean malos padres ) que el error es “malo” porque cada vez que nos equivocamos recibimos un regaño, un castigo y esto se supone que es en aras de que seamos mejores personas, loable objetivo, pero se nos instala un programa de miedo al error, a equivocarnos y esto siembra la semilla de lo que después llamamos “ansiedad” traducido como miedo a equivocarnos.

¿Qué es fallar?, ¿Qué es equivocarse? ¿Qué significado tiene para cada uno de nosotros el error?

El error ha sido un personaje muy presente en la vida de todos los seres humanos y ha sido el personaje más desprestigiado también e la vida de todos. Se le mira como aquello negativo del ser humano, aquello que es mejor esconder, no hablar de ello, de hecho ni volver a mirar. Está tan mal visto o desprestigiado que pretendemos no verlo y hasta procuramos olvidarlo. El error en pocas palabras no se reconoce, o se hace difícil reconocerlo por la carga de culpa y desprestigio que trae. Nadie se siente orgulloso de equivocarse,

Hemos excluido a este gran maestro y pretendemos hacer de cuenta que no existe, razón por la cual no nos tomamos el tiempo de revisar nuestros errores o equivocaciones para aprender en dónde fallamos y no volver a repetirlo. Preferimos taparlos, no reconocerlos y vamos enseñando a nuestros niños que eso es “malo” que “no se deben cometer errores”, que “está mal equivocarse”. Cabe aquí la pregunta ¿Y quién de nosotros nació aprendido? Es curioso porque básicamente de la no aceptación del error o equivocación nace nuestra gran amiga la MENTIRA, pues la mentira es la forma como queremos muchas veces tapar nuestras equivocaciones. Y es que lo que sucede es que nos cuesta mucho trabajo aceptar que no somos infalibles y equivocarnos nos hace sentir muchas veces frustrados, incapaces, ineptos, con rabia con nosotros mismos, esto no es fácil de aceptar. Sin embargo es curioso porque el no aceptar la equivocación o el error no hace que no lo cometamos y por lo tanto esas sensaciones de todas formas llegan y muchas veces se encapsulan en el cuerpo de manera inconsciente y terminan apareciendo más adelante en forma de síntoma de algo y deteriorando la autoestima. La sensación más profunda que conecta con todo esto y tal vez la más dañina es la culpa, tema al cual es necesario dedicarle todo un capítulo por su profundidad y arraigo en el inconsciente individual y colectivo.

Creemos que al tapar nuestros errores o equivocaciones, no vamos a dejar ver nuestras fragilidades y pueda que así sea frente a los demás, el gran dilema es que en nuestro interior al desconocer la oportunidad de aprendizaje que nos trae el error no nos permitimos crecer, mejorar y ahí si podemos fragilizarnos mucho mas. Hemos venido manejando el error desde el rechazo en lugar de utilizarlo como herramienta para crecer y avanzar.